El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, presentó el martes sus respetos en el polémico santuario Yasukuni de Tokio dedicado a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, en el aniversario del día de la rendición de Japón, desafiando las advertencias de China y de Corea del Sur para que no fuera.

Su visita al santuario sintoísta, donde líderes japoneses de la Segunda Guerra Mundial condenados como criminales de guerra son honrados junto a 2,5 millones muertos en el conflicto, provocó fuertes protestas de China y las dos Coreas, donde los amargos recuerdos de la agresión militar japonesa persisten.

Un Koizumi de aspecto solemne siguió a un sacerdote sintoísta con vestimentas tradicionales y se inclinó antes de entrar en la zona interior del santuario mientras caía una lluvia persistente.

Es la primera visita al considerado símbolo del pasado militarista del país en el aniversario del 15 de agosto por un primer ministro desde que lo hiciera Yasuhiro Nakasone en 1985, desatando una oleada de protestas en China.

Las relaciones de Tokio con Pekín y Seúl ya están en uno de sus momentos más bajos en las últimas décadas, en parte por las peregrinaciones anuales de Koizumi, que tiene previsto abandonar el cargo en septiembre.

China dijo el martes que las visitas del primer ministro japonés “destruyen los cimientos políticos de las relaciones chino-japonesas”, y llamó a su embajador en Tokio en señal de protesta.

Corea del Sur, que el martes celebra el aniversario de su liberación del mandato colonial japonés, también fue dura.

“La visita del primer ministro japonés al santuario Yasukuni es una falta de respeto total al Gobierno y al pueblo coreano”, declaró a la prensa el ministro coreano de Asuntos Exteriores, Ban Ki-moon, desde la capital australiana, Canberra.

Decenas de personas se congregaron ante la embajada japonesa en Pekín – sin que se aprecien de momento señales de manifestaciones más masivas como las que tuvieron lugar el año pasado -, mientras en Seúl unas 2.000 personas acudieron ante la embajada japonesa y algunos decapitaron una figura que representaba a Koizumi.

“EXPRESAR REMORDIMIENTOS”

Koizumi y el emperador Akihito – hijo del fallecido emperador Hirohito, en cuyo nombre se luchó en la guerra – asistieron a una ceremonia nacional en honor de los muertos japoneses durante el conflicto.

“Nuestro país inflingió grandes pérdidas y sufrimientos a gentes de mucho países, especialmente de países asiáticos”, declaró el primer ministro.

“En nombre del pueblo japonés, me gustaría expresar profundos remordimientos y expresar humildemente condolencias por las víctimas”, agregó ante un austero altar ante el cual estaba la bandera japonesa y ramos de crisantemos.

Koizumi defendió su decisión y criticó a sus dos vecinos por negarse a celebrar cumbres bilaterales debido a esta polémica.

“No voy para justificar la guerra pasada o glorificar el militarismo”, dijo a la prensa. “Voy con el sentimiento de que no deberíamos volver a ir a la guerra jamás y que no debemos olvidar el sacrificio de aquellos que fueron a la guerra y murieron”.

El santuario considera como “mártires” a 14 líderes durante la guerra condenados por el Tribunal de los Aliados como criminales de guerra.

Koizumi, de 64 años, ha acudido al lugar cada año desde que llegó al poder en 2001, pero hasta ahora nunca el 15 de agosto. La opinión pública japonesa está dividida sobre estas visitas y los empresarios le han pedido que acabe con ellas, temerosos de sus efectos en las relaciones con China.

(Via: swissinfo)