Cuando se cumplen 61 años del final de la Segunda Guerra Mundial tras la rendición del imperio del Sol Naciente, las viejas heridas se han vuelto a reabrir entre Rusia y Japón, que nunca llegaron a firmar un tratado de paz una vez acabada la contienda.
Debido a las difíciles relaciones actuales entre ambos países, la tensión estalló el pasado miercoles de nuevo en las Kuriles, cuatro islas enclavadas al norte de Japón que fueron ocupadas por las tropas soviéticas el 18 de agosto de 1945 y cuya soberanía es reclamada por Tokio por la abundancia de bancos de pesca y la posible existencia de yacimientos de gas.
En estas disputadas aguas, una patrullera rusa ametralló ayer a un buque pesquero nipón, concretamente el «Nº 31 Kisshin Maru», y llegó a matar de un disparo en la cabeza a uno de sus tripulantes, Mitsuhiro Morita, de 35 años.
Cangrejos
El incidente tuvo lugar cerca del islote de Kaigara, administrado por Moscú y situado en el extremo oriental de la prefectura japonesa de Hokkaido, al norte del archipiélago nipón.
Tras interceptar al citado barco pesquero, de casi cinco toneladas y dedicado a la captura de cangrejos, los guardacostas rusos lo remolcaron hasta la isla de Kunashiri para interrogar al capitán, Noburu Sakashita, y a otros dos miembros de la tripulación llamados Akiyoshi Kawamura y Haruki Kamiya.
Según la versión de los agentes, el buque había penetrado ilegalmente en aguas territoriales rusas, por lo que la patrullera le ordenó que parara las máquinas. Al hacer caso omiso de sus requerimientos, la barcaza rusa efectuó varios disparos de advertencia, uno de los cuales alcanzó fatalmente al marinero nipón.
Para demostrar que el barco pesquero estaba violando la ley, el Servicio Federal Ruso de Seguridad desveló que en la bodega se habían hallado tres toneladas de cangrejos y calamares pescados de manera ilegal, así como varias artes dispuestas para realizar más capturas en alta mar.
Pero estas explicaciones no han satisfecho al Gobierno japonés, que se apresuró a condenar la intervención de los guardacostas del país vecino. Así, el ministro de Asuntos Exteriores nipón, Taro Aso, convocó inmediatamente a un representante de la Embajada rusa en Tokio para manifestarle su malestar por lo ocurrido.
«Protestamos enérgicamente contra este incidente extremadamente grave en el que un ciudadano japonés ha perdido la vida», explicó Aso, quien exigió la devolución del buque apresado y manifestó que «la pérdida de una vida humana no puede ser justificada de ninguna manera».
Por su parte, el enviado de la legación rusa, que a su vez también había sido convocado por un diplomático de bajo rango nipón, negó las acusaciones del ministro y atribuyó al pesquero la responsabilidad del suceso.
«Hubo una violación de las aguas territoriales rusas, por lo que esto no habría pasado si el barco hubiera respondido a las reiterasdas órdenes de los guardacostas», indicó Mikhail Galuzin, quien acusó a los pescadores japoneses de «invadir reiteradamente nuestras demarcaciones a pesar de las repetidas advertencias que les hemos hecho directamente a las autoridades de niponas».
Aguas terriroriales
Las dos partes tampoco se pusieron de acuerdo sobre si la nave nipona se encontraba en aguas territoriales rusas o no, avivando la disputa por las cuatro islas Kuriles: Kaigara, Kunashiri, Etorofu y Shikotan, también conocidas como Chisima-retto en el imperio del Sol Naciente.
Mientras Tokio y Moscú se enzarzan en una nueva crisis diplomática, los familiares del marinero fallecido siguen esperando su cuerpo, al que se le iba a practicar la autopsia.
La última vez que ocurrió un episodio similar fue en octubre de 1956, cuando los guardacostas rusos también mataron a tiros a otro pescador que se había aventurado en las codiciadas y peligrosas aguas de las islas Kuriles.
(Via: abc)