Hace unos días fue a visitar Harajyuku (Shibuya) y tuve la suerte de poder ver unos de los festivales que allí se realizan. Para que entendáis un poco que es esto de los festivales os pongo una descripción que he leído en “japonartesescenicas” y el video que pude grabar para que veáis el ambiente.

Lo que más llama la atención es que a pesar de ser un festival religioso, donde la procesión transporta un mikoshi o altar donde moran los dioses Shinto en forma temporal, con el correr de las horas, la religiosidad y formalidad va dando lugar a la irreverencia y el desenfreno.

Un verdadero trance

Temprano en la mañana, tanto hombres como mujeres vestidos con un cinto en la cabeza, zapatillas y calzoncillos japoneses típicos, se juntan frente a los altares, donde el sacerdote Shinto realiza una ceremonia solemne y estricta. El fuerte olor a sake y el licor de arroz son lo único que presagia lo que ocurrirá, una vez que comience la marcha.

Los encargados de guiar a la procesión por las calles comienzan a caminar lentamente después que el sacerdote bendice el traspaso del espíritu sagrado al mikoshi. La procesión se detiene al frente de la casa de los vecinos más pudientes y de las intersecciones, donde se realiza una breve ceremonia.

El trayecto por donde circulará el mikoshi es purificado por los vecinos, quienes para este fin, con anterioridad a su pasada arrojan sal a la calle. Además dejan ofrendas en dinero o arroz en bandejas.

Por lo general, delante de la procesión va una danza del león para alejar a los malos espíritus y, a medida que el mikoshi se detiene para realizar ritos frente a una otra casa, con frecuencia, los moradores se unen a la procesión.

Como regla general, nunca se debe mirar la procesión que transporta el mikoshi desde la altura. Por lo tanto, los vecinos evitarán instalarse en un segundo piso o en la azotea de sus casas. Tampoco se debe cruzar la calle donde transita la procesión.

Ya al cabo de unas horas la formalidad ha desaparecido por completo. Los que transportan el altar gritan frenéticamente wasshoi, wasshoi. La conducta de los más jóvenes es especialmente agitada. En una sociedad como la japonesa, que está regida por un estricto sistema jerárquico, el caos característico de la procesión disuelve momentáneamente el orden impuesto por la norma social, lo que le permite a los jóvenes saltarse la jerarquía y convertirse en adultos.

Además, el ritmo del lento caminar, el grito en común y unos cuantos grados etílicos de más, hacen posible que se produzca un verdadero trance, donde los que llevan el altar en sus hombros actúan casi sin pensar, con la mente vacía, lo que en japonés llaman “mushin”.

La mafia en la procesión

Todo el ambiente, que al observador inexperimentado más le parecería una bacanal que un festival religioso, conjuga a la perfección la solemnidad del rito con una explosión de los sentidos. A este hecho se le ha denominado “transgresión sagrada”, donde participan no sólo los que transportan el mikoshi, sino que también los miembros de la procesión y el resto de la comunidad.